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Día de la Paz: significado del 697

 

¿Qué persona del CIT no se ha preguntado durante estos días por el  significado del 697?

Hoy, con ocasión del Día de la Paz, vamos a desvelar el misterio.  ¿Os acordáis del proyecto Food whit Soul y la encuesta sobre el desperdicio que se realizó entre las familias?
Se han analizado los datos y los resultados son interesantísimos:

  • El 76% de las familias lee con atención las etiquetas de los productos antes de comprarlos, lo que nos convierte en consumidores informados.
  • El 84% es el porcentaje de alimentos frescos que tiramos a la basura.
  • El 32% es el porcentaje de productos caducados que aportamos al desperdicio.
  • Y el 40% no separa los residuos orgánicos de los reciclables.

 

A estas alturas os estaréis preguntando ¿Y el 697?

Corresponde a nuestro consumo en cifras. 697 es la cantidad de euros anuales que representa nuestro desperdicio de alimentos, es decir, aquello en lo que gastamos nuestro dinero y tiempo - comprar, envolver, almacenar y preparar- para después tirarlo a la basura.

Desde el familylab ofrecemos algunas sugerencias para adelgazar el cubo de la basura y engordar nuestro compromiso solidario con esa cifra:

  • Dar agua potable a 4.800 familias durante 30 días
  • Salvar a 16 niños de la desnutrición aguda
  • Proveer de 2.788 tazas de comida para el programa mundial de alimentos en el Cuerno de África.
  • Alimentar a 81 personas a través de lotes Bancosol

 

Food with Soul

El objetivo de este proyecto es el de promover el consumo responsable, en concreto en lo que se refiere a los alimentos. Con  este fin, se elaboró una encuesta cuyo objeto era el de intentar cuantificar el desperdicio medio de las familias.

Aunque esta encuesta no se sustenta en un ejercicio estadístico estandarizado, utiliza los valores medios respecto a los criterios estandarizados de ejercicios globales y nacionales. Se han extrapolado los indicadores de desperdicio a las tendencias que se observan en nuestra comunidad.

A tal efecto, se ha considerado que la población de la encuesta es de 350 familias. Y aunque el porcentaje de respuesta ha sido bajo, del 7,4%, es válido ya que el margen de respuesta está dentro de los parámetros habituales de marketing personalizado.

Conclusiones

Las respuestas obtenidas indican que somos consumidores informados, porque leemos las etiquetas, pero no nos preocupamos ni por las cantidades que preparamos según el número de comensales, ni por el efecto ambiental que produce nuestro proceso de compra, transporte, almacenaje, consumo y disposición final de aquello que se compra.

El 84% tiramos al cubo productos frescos que hemos comprado, siendo el más alto de los valores el de las frutas en una media diaria de 1,6 piezas al día.

Llama la atención el hecho de que un alto porcentaje, el 40%, no separa los residuos orgánicos de los desechables. Y aunque la mayoría almacenamos los restos de nuestras comidas durante una media de dos días, no calculamos en medida alguna el gramaje medio de ingesta por persona, llevándonos a que ese “plus” alimenticio que hemos generado termine en el cubo de basura en el 8% de los casos.

Este porcentaje es más dramático si tenemos en cuenta que el consumo de lácteos tampoco es muy responsable: el 16% de los lácteos que se compran caducan sin haberlos consumido.

El CIT y Europa

Nuestra comunidad refleja las tendencias generales de consumo y desperdicio vigentes para los países OECD. La FAO en su informe anual presentado en Roma el pasado 11 de octubre con ocasión del día mundial de los alimentos ha elaborado un concienzudo y ambicioso informe: “Global food losses and food waste” disponible en su página web en la que calcula según las regiones productivas del planeta, su PIB y su renta per cápita el porcentaje de desperdicio.

Las cifras son abrumadoras, se desglosan de la siguiente manera para Europa (Rusia incluida): 25% de los cereales, 17% de las raíces y tubérculos, 4% de las semillas y germinados, 19% de las frutas y las verduras, 11% de las carnes, 11% del pescado y 7% de los lácteos.

Aunque Europa desperdicia menos que Norteamérica y Oceanía, está dentro de las tendencias más altas. Hay que tener en cuenta que estas cifras se calculan utilizando diferentes entradas que incluyen los alimentos que una vez listos para el consumo humano son relegados de la cadena de consumo en razón de tendencias del mercado, las preferencias de los consumidores, condiciones climatológicas particulares y deficiencias múltiples del sistema logístico del transporte de los alimentos.

Obtenemos una media general de desperdicio de alimentos de un 15% en el eslabón del consumidor activo, es decir: las personas que vamos a los supermercados y tiendas de abastos.

Extrapolando esta realidad global y regional, ponemos nuestra mirada en España, en la que el INE calculó en el año 2010 un gasto medio anual de las familias en alimentos de 4.647 euros. Extrapolando los datos, basados en las tendencias de consumo sin rigor estadístico alguno, asumimos que el gasto medio de las familias del CIT es muy cercano a esa media. Si aplicamos a ese valor el porcentaje de desperdicio obtenemos el mágico numero 697.