Recuperar el Honor
Si los niños agredieran verbalmente con la ligereza, intensidad y frecuencia con la que lo hacen gran parte de nuestros adultos en aras de un supuesto derecho a manifestar libremente su "opinión", independientemente del contexto, conocimiento y pertinencia;
Si se atrevieran a promulgar sospechas, enjuiciar y sancionar la conducta ajena con la incontinencia, profusión e impunidad con la que nos obsequiamos públicamente - y con frecuencia ante los medios - quienes deberíamos salvaguardar los referentes de rectitud y ejemplo de conducta;
Si en el fragor de un desacuerdo cometieran el error de ofender nuestro honor con una décima parte de la intencionalidad - cuando no mezquindad - con la que los adultos critican a sus semejantes con la frívola certeza de que así dañarán su estima y, con suerte, su trabajo diario o reputación;
Si ellos lo hicieran - incluso si tan sólo sucediera en una ocasión y por error - nos llevaríamos las manos a la cabeza sorprendidos, perplejos, mirando alrededor buscando culpables, haciendo lo imposible por encontrar las fuentes del "mal ejemplo" lejos, fuera de nuestras fronteras, de nuestra responsabilidad.
Enseñemos a nuestros niños a respetar, a no ofender, a no herir, a confiar y a interpretar los hechos siempre desde la generosidad, la compasión y la grandeza porque ahora, más que nunca, el mundo necesita de seres humanos dispuestos a recuperar el HONOR, que no es otra cosa que "la cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo".
La ofensa, la acción contra el honor de las personas, supone por tanto también un agravio colectivo. Es conveniente tenerlo en cuenta y actuar en consecuencia.
Con frecuencia se juzga mucho y mal, y se actúa poco y peor. En general nuestros niños merecerían ejemplos más "honorables".
La buena noticia es que siempre estamos a tiempo y que "el ahora" nos presta la ocasión.
Ser y Estar Hoy
Hay escuelas que miran a los niños con impaciencia, como si estuvieran "a medio hacer" y necesitaran los QUINCE años de"cocción" que su escolarización impone. Se apresuran por anticipar cabriolas y contorsiones intelectuales impregnadas en un cierto tufillo de forzada adultez y aliviar así la conciencia de cumplimiento del "trámite", de los "requisitos debidos" para poder "Ser" - adultos - algún día.
Cometen un error. Se equivocan. Los niños SON seres completos cada día de su vida y nuestra misión no debería ser la de enseñarles a vivir en una continua ansiedad por el futuro sino en el gozo de las posibilidades presentes.
Aprender, descubrir, explorar y sentir son tareas personales e intransferibles cuya razón de ser no puede estar supeditada a un mañana - y mucho menos a un mañana postergado a quince años... ¿acaso algún adulto lo haría?
Crecer es una actividad intensa que afecta e implica a todas las estructuras de un ser humano (su cuerpo, su mente, su corazón...) y desarrollar el potencial de una persona requiere mucho cuidado, mucha paciencia, mucha ternura, mucho respeto... Al igual que sucede con un árbol, hay que cuidar y nutrir cada día... y sin embargo nadie puede adivinar cómo será éste cuando apenas está brotando; cuántas ramas, cuántos frutos, cuántas hojas tendrá... Es preciso SER y ESTAR hoy - es la mejor manera de contribuir a "ser y estar" mañana.
De Maestros o de Magos y Verdugos
Todo maestro pronto debe elegir entre ser un mago o un verdugo.
El mago crea oportunidades, ilumina horizontes, salva obstáculos, conoce el don de la ubicuidad y el conjuro para hacerse invisible cuando es preciso... Tiende lazos, trenza puentes... Observa mucho, habla poco, escucha siempre.
El maestro-mago es un liberador.
El mal maestro, por el contrario, es un carcelero, un verdugo (literalmente). Mutila, limita, cercena, humilla, empobrece, empequeñece, arrincona, aisla, priva,... y ejecuta.
Me repugna pensar que las únicas víctimas posibles de éstos últimos son siempre - necesariamente - los niños.
Y aún así, a pesar de todo, ellos les entregan su amor y confianza... Está en su esencia; no hay nada más genuinamente humano que un niño... Y no hay nada más inhumano que agredir o, peor, malograr a un semejante.
In-corporarse
Vengo del silencio; del puro y mero placer del des-canso. De aprehender - de agarrar, de hacer propio - el aire que respiro, el mar que miro, el sol, la lluvia y el viento que siento.
Es importante "in-corporarse" a la vida; devolverle "el cuerpo" porque a fuerza de racionalizarlo todo se nos están oxidando los sentidos. Sería triste que recordáramos demasiado tarde que sin capacidad de ver, oir, tocar, saborear y oler nuestro mundo, ninguna de las grandes obras de nuestra historia hubiera sido posible; nuestra civilización sería impensable.
Tampoco prescindiendo de ellos seremos capaces de imaginar cómo podríamos crecer y crear un mundo mejor. Ahora, más que nunca, es preciso agudizar los sentidos.
La Elegancia debida
Dos palabras se contraponen y enfrentan su condición desde el origen:
El término ROBOT que viene del checo "robota" y significa labor obligatoria y predeterminada, frente a la ELEGANCIA, cuya raiz etimológica es la de "elegir"; elegir con gracia, con arte o, en definitiva, elegir bien.
Lo primero se programa, lo segundo se cultiva.
La Educación tiene mucho más que ver con esto último y por esta misma razón me llama poderosamente la atención que se hable tanto del "programa" y tan poco de lo esencial en nuestro arte: "el aprendizaje" (que, por cierto, igual que el "nacer", tiene lugar en el seno de una comunidad y es un acto único, personal e intransferible - nadie puede nacer por otro)
Cuando hay "crisis" lo que siempre se intenta adaptar, mejorar, "reconstruir" es "la cosa", a la espera de que una mejor secuencia o color produzca unos resultados predecibles y, por supuesto, homogéneos. Ojalá fuera tan sencillo.
La Educación es como la elegancia, "un estilo", y ambos comparten un principio básico: la integración personalizada de toda nuestra realidad. No son los medios los que determinan el resultado sino el diseño, la coherencia y la implicación personal honesta, profunda y sin tregua con cada detalle que requiere el proceso (en nuestro caso, toda la vida).
Y sino que se lo pregunten a Coco Chanel.
Ser y Estar - BIEN
Hay algo erróneo, casi patológico, en quien olvida sus afectos. Puede parecernos que son volubles, inconstantes, inconsistentes y sin embargo SENTIR es parte inherente del SER.
Somos - y sentimos - con el alma, con el cuerpo y con la mente.
Por ese mismo motivo, cuando elegimos, cuando tomamos una decisión, la asociamos con las emociones vividas. Con el tiempo no siempre recordamos los detalles de las mismas y sin embargo pervive el recuerdo de lo que sentimos.
Y por eso también es tan importante no sólo aprender a PENSAR BIEN, sino a HACER BIEN y a SENTIR BIEN.
En eso consiste el SER y ESTAR bien.
El optimismo subversivo
Tal y como están las cosas llevo algún tiempo percibiendo que el optimismo resulta una actitud casi subversiva para muchos y... la verdad es que no se bien si como causa o efecto de este mismo patrón de conducta que considero propio, creo que son buenas noticias.
Todo cambio requiere un impulso poderoso capaz de rebelarse no sólo desde el intelecto sino desde el corazón, desde las emociones. El primero sirve para determinar la dirección de nuestros actos mientras que el segundo establece la consistencia y durabilidad de nuestras determinaciones.
Ambos son necesarios para vencer el "status quo", para superar las barreras del miedo, de la dócil inercia del inmovilismo. Si el cambio que requerimos ha de llegar, bien está que llegue desde el optimismo y no desde otras emociones como la rabia, el rencor, la venganza o la sospecha. Puede que nos llamen inocentes o ilusos pero... no hay nada más gratificante ni poderoso que visualizar y compartir un elevado horizonte con la esperanza de conseguirlo.
Feliz Navidad!!
Feliz Navidad y Año Nuevo

El aroma de la vida
En una ocasión leí que lo más difícil de hacer en un perfume, no es saber qué aromas mezclar entre los 1.200 que existen en la naturaleza, sino saber cuándo parar; un proceso que se rige por la intuición, una vía de conocimiento tan REAL como la intelectual y que involucra la percepción, la experiencia y la emoción como vías de acceso inmediato al mismo. Saber cuándo "parar" es fundamental para conseguir que el Aroma de la Vida no se torne excesivo y vulgar; una mera caricatura de lo que significa estar vivo... Para ello, uno tiene que aprender a escuchar a sus intuiciones y no tenerles miedo, hacerles caso, porque así es el arte de lo sublime: intangible pero cierto. Lo mismo pasa con la intuición: es un conocimiento indirecto y fiable, no meras especulaciones.
Esperanza y Vitalidad
Esperanza y Vitalidad van de la mano; si la una se debilita, la otra muere. Es por esta razón que el desánimo es un lujo innecesario, un derroche prescindible en el mundo de hoy.
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