Un mundo lleno de posibilidades



Nuestro Colegio

Palabras de la directora del CIT

La palabra INFANCIA viene del latín “in-fantia”, que significa -literalmente - sin voz, sin capacidad de hablar.

Entre los antiguos este periodo abarcaba hasta la edad de los 6-7 años, mientras que en la actualidad dicha etapa se ha dilatado hasta límites insospechados siendo cada vez más frecuente reconocerconductas “infantiles” fuera de su contexto natural e incluso en el mundo adulto.

A pesar de la juventud de nuestros alumnos y alumnas, nuestro colegio cree firmemente en que el mundo requiere no sólo de su voz, sino también de sus manos, de su capacidad de acción y, sobre todo, de sus sueños, de su capacidad de crear y proyectar escenarios para un presente y un futuro mejor.

Para ello, es preciso establecer objetivos positivos – es decir, acompañados de Valores que inspiren su conducta - y, por otro, un aprendizaje progresivo de Conocimientos y Habilidades con los que llevar a cabo dicha labor.

Por eso es tan apasionante nuestro proyecto, porque no se trata de la mera “instrucción académica”. Sabemos que sin la palabra, sin la capacidad de leer, escribir o hablar idiomas, la posibilidad de acción de cualquier ser humano queda limitada; sin conceptos numéricos y lenguajes simbólicos, su capacidad de análisis queda anulada; y, finalmente, sin conocimientos científicos, su interpretación del mundo será superficial, haciéndoles extremadamente vulnerables.

Somos conscientes también de que no basta con “saber”, tienen que querer crecer, poner en valor todas esas cosas que van aprendiendo, utilizarlas para decidir quiénes quieren ser y hacia dónde quieren ir. De ahí la importancia de nuestra pedagogía basada en Valores por su capacidad de elevar los horizontes y comprometer la Voluntad con los objetivos establecidos.

Por estas mismas razones también la importancia del paso de nuestros niños por el colegio. Cada día, cada año, cada esfuerzo, cada logro los hace más fuertes y capaces de decidir su destino.

Les orientamos desde pequeños a medir sus aciertos y errores con justicia, a no culpar a los demás de sus fracasos, porque ambos son en realidad parte de su tesoro futuro que no es otro que el de haber contribuido directamente con sus decisiones a convertirse en quienes realmente son.

Les ayudamos a que lo hagan con dignidad, con respeto y con cariño hacia sí mismos y hacia sus semejantes – ya sean niños, jóvenes o adultos – con sencillez, con honor, con generosidad pero con determinación.

Les animamos a “mojarse”; a hablar, a manifestar con valentía los anhelos, las necesidades y los sueños. Les decimos que hay que perderle el miedo al “listón más alto”, al “qué dirán”, a la envidia, a la mezquindad… hay demasiados adultos “infantiles”, incluso con poder pero sin voz propia, y el mundo necesita seres humanos capaces de crear, promover, cuidar y perpetuar iniciativas elevadas y de buen hacer.

Les hacemos conscientes de que poco importa la edad - nuestros jóvenes, sus actos, no sólo contribuyen a nuestro futuro sino que también configuran nuestro presente.

Nuestros alumnos y alumnas no son “infantes”, son seres humanos jóvenes dignos de admiración y respeto. Cada uno de ellos son únicos e irrepetibles y nos sentimos muy orgullosos de poder verlos crecer y de contribuir con nuestro quehacer diario a prestarles orientación y apoyo.

Si algo tiene la tarea de educar es que es una labor infinita. Seduce y sorprende por igual. Con un brazo te arropa entre cálidas certezas y con el otro te muestra todo un abanico de posibilidades aún por conquistar.

En esto consiste la educación; en la acertada combinación entre nuestros horizontes y nuestros límites orientada al desarrollo de cada alumno, de cada alumna. Ellos y ellas son los protagonistas de la apasionante historia del Colegio Internacional Torrequebrada.